REDACCIÓN UCRANIA
Mi nombre es Oxiana, tengo 35 años y he vivido durante toda mi vida en Kiev. Estoy casada con un hombre y tenemos una familia preciosa. Pero ahora ha empezado una guerra, y mi vida y la de todos mis compatriotas van a cambiar, por unos simples intereses imperialistas.
Se ha declarado estado de guerra y los hombres deben quedarse a luchar, mientras que las mujeres como yo tenemos que huir con nuestros hijos. Ya llevamos un mes de guerra, y mis hijos y yo estamos fuera de mi país, pero os voy a contar como han sucedido los acontecimientos hasta llegar hasta aquí.
En el momento que empezó todo, no sabíamos que hacer, pero pronto el Gobierno de nuestro país nos dió instrucciones claras: los hombres mayores de 18 años debían de quedarse, y el resto debíamos de huir.
Mi hijo había cumplido 18 años un mes antes de que empezase todo. Una de las cosas más duras para mí ha sido tener que huir dejando a mi marido y a mi primogénito con la gran posibilidad de que mueran intentando defender su país. Ninguno de los dos saben manejar armas de fuego, pero aún con esas van a tener que portar un fusil.
Mis dos hijas de 15 y 12 años, y yo tuvimos que marchar en un tren. En las estación había miles de personas, familias que se estaban separando, sabiendo que en la mayor parte de los casos no se iban a volver a ver. Se respiraba tristeza en el ambiente, pero no podíamos hacer otra cosa que huir. Tras despedirnos de mi marido y mi hijo, tuvimos la suerte de poder montarnos en el primer tren del día, y viajamos durante bastantes horas. Llegamos a un centro de acogida de refugiados en Polonia, donde había mucha gente como nosotros. Era un sitio muy estresante y desolador, porque a pesar de que estaban ahí para darnos cobijo, comida y calor, éramos muchas personas, de forma que el campamento estaba colapsado. La primera noche no pudimos dormir, estábamos muertas de frío y apenas comimos nada. A la mañana siguiente, suministraron el campamento con diversos recursos y la situación cambió. Pasamos dos largas semanas ahí, en unas condiciones bastante mejorables, y con el corazón partido por ver como nos arrebataban nuestra tierra y mi hijo y mi marido se quedaban ahí para defenderla.
Con el tiempo tuvimos la suerte de encontrar una familia que nos acogiese en un país de bastante lejos, contactamos con esa familia y, tras pasar varios días en un tren llegamos al nuevo país, en el que no están cuidando mucho.
Sólo espero que el conflicto acabe pronto, poder volver a mi país y regresar con mi familia.
Comentarios
Publicar un comentario